Author Archive for sandra salcedo

19
Mar
09

Don´t look back. Arguing over a museum of memory

Mar 12th 2009 | LIMA
From The Economist print edition

Arguing over a museum of memory

It has been much changed and improved by years of rapid economic growth and peace. But less than a generation ago Peru suffered an appalling bloodletting. A murderous guerrilla insurgency unleashed by the Maoist Shining Path and a small Marxist rival was met by indiscriminate repression by the armed forces. In 2003 a Truth and Reconciliation Commission set up by a democratic government and composed of academics and human-rights activists concluded, after an exhaustive investigation, that more than 69,000 people died in the violence between 1980 and 2000. Three out of four of the victims lived in the Andean highlands and were of Indian descent.

The commission tried hard to be even-handed. It reckoned that the Shining Path was responsible for slightly over half the killings, and the security forces for 37%. Out of its work came a harrowing exhibition of photographs and accounts by survivors. Called Yuyanapaq (“to remember” in Quechua), this toured Peru before finding a temporary home in the National Museum. Supporters of the commission want to set up a permanent “museum of memory”. Last month the German government offered to build the museum at a cost of $2m.

But Peru’s government has rejected the money, and says it doesn’t want the museum. Ántero Flores-Aráoz, the defence minister, said that it was “not a priority” in a country where “there are other basic needs to satisfy”, such as food, health and schools. (He also noted that the Shining Path survives and killed a soldier this month, though it numbers only a few score in remote parts of the Amazon jungle.) “Memory doesn’t belong to a particular group,” added Alan García, the president.

The rejection has been criticised across much of the political spectrum. In a withering article Mario Vargas Llosa, a Peruvian novelist who is also Latin America’s best-known liberal thinker, wrote that “we need a museum of memory to fight the intolerant, blind and obtuse attitudes which unleash political violence”—attitudes exemplified, he said, by Mr Flores-Aráoz’s comments.

The plan for the museum coincides with a wider re-examination of Peru’s violent years. They are the subject of several recent novels. La Teta Asustada (“The Milk of Sorrow”), a film about the trauma of a woman raped during the war, directed by Claudia Llosa, a relative of the novelist, won the top prize at last month’s Berlin Film Festival. A court in Lima will shortly reach a verdict in the trial of Alberto Fujimori, an elected autocrat who, as president from 1990 to 2000, crushed the Shining Path but is accused of having authorised killings by an army death-squad.

Some Peruvians are uneasy about reopening the past. If they appear to include Mr García, that may be because worse abuses occurred during his first presidency (1985-90). His vice-president, Luis Giampietri, a retired admiral, took part as a junior officer in the suppression of a violent Shining Path prison rebellion in 1986 in which scores of inmates were killed after they had surrendered. Mr García is surely right when he says that the museum should “take all perspectives into account”. But that is all the more reason for building it.

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19
Mar
09

Un lugar para recordar. Por Salvador Heresi

Por: Salvador Heresi

Alcalde de San Miguel

Se ha dicho con sabiduría que un pueblo que no conoce su historia no puede comprender el presente ni construir el porvenir. Ese es el principio que nos inspira a los que somos fervientes partidarios de la edificación de un Museo de la Memoria en el Perú.

Auschwitz tiene un museo, Pearl Harbor tiene un museo, Hiroshima tiene un museo y en ningún caso lo que se busca es mantener abiertas viejas heridas o alimentar rencores.

Son intentos por conservar presente la evidencia de lo que puede sucederle a un pueblo cuando lo envuelve la violencia. Por eso, la tragedia que vivió nuestro país en las décadas de los ochenta y noventa necesita también un museo donde se cuente lo que ocurrió para que no nos vuelva a pasar.

Nadie quiere que se haga allí la apología de los terroristas ni la de aquellos que, a pesar de vestir el uniforme de la patria, incurrieron en delitos. Lo que debe haber allí más bien es, por ejemplo, un pabellón dedicado a los ronderos. Esos héroes anónimos que a pesar de no ser militares asumieron buena parte del peso del conflicto, y triunfaron. ¿A cuántos de ellos podemos identificar por su nombre y apellido?

Cómo omitir, por otra parte, un ambiente en el que podamos recordar a las autoridades políticas asesinadas, esos hombres y mujeres que, a pesar del riesgo al que se exponían, postulaban para trabajar por el desarrollo de su comunidad. Pepecistas, apristas, acciopopulistas, izquierdistas, independientes. Fueron cientos de valientes que no merecen ser ignorados.

No puede faltar tampoco la evocación de los periodistas asesinados. Muchos de ellos fueron sorprendidos por la muerte cuando cumplían sencillamente su trabajo. Y algunos todavía no regresan: están desaparecidos, pero no merecen ser olvidados.

Los mutilados, los heridos, las madres indefensas que “enferman” a sus hijos con sus tetas asustadas exigen un lugar en el recuento de lo que nos sucedió durante esos fatídicos años. Queremos conocer su historia, debemos conocerla. La Comisión de la Verdad recogió cientos de testimonios, elaboró conclusiones; toda esa información también debe tener su espacio en un ámbito donde no queremos excluidos ni memoria selectiva.

El tratamiento de una dolencia solo puede comenzar una vez que el paciente asume que está enfermo. Si extendemos esto al ámbito social, podríamos decir que la reconciliación nacional será posible cuando seamos capaces de mirar de frente a nuestro pasado asumiendo cada quien la cuota de responsabilidad que le corresponde.

La conducción del proyecto, por supuesto, debe recaer en un grupo plural y heterogéneo, que permita ahuyentar toda sospecha de parcialidad o sesgo ideológico. Deben estar representados la Iglesia, nuestras gloriosas Fuerzas Armadas, los partidos políticos, las viudas de militares y policías caídos en el cumplimiento del deber, nuestros valientes ronderos y la Comisión de la Verdad representando a la sociedad civil.

Invocamos por todo ello al presidente de la República a que reconsidere su decisión de rechazar la donación ofrecida por el Gobierno Alemán para este fin, y reiteramos nuestro ofrecimiento de conseguir un inmueble en San Miguel para edificar ese museo de la memoria que nos puede salvar a nosotros —y sobre todo a nuestros hijos— de la perniciosa amnesia colectiva.

Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/impresa/notas/lugar-recordar/20090318/260680