Por Sandra Salcedo

Re – cordar: del latín “recordari”, formado de “re” (de nuevo) y “cordis” (corazón). Recordar quiere decir mucho más que tener a alguien presente en la memoria. Significa “volver a pasar por el corazón”.

 

¿De qué nos sirve recordar el dolor?, ¿para qué memoria en un país que aún tiene hambre?, ¿Verdad?, ¿de qué verdad estamos hablando? Son preguntas justas para las que a estas alturas no caben conformismos.

Presiento que tanto los que son drásticos negándolo así como los que tienen una intuición de que recordar podría ser algo positivo, tienen “colgadas” estas preguntas tras la última palabra en la que pretenden verdad.

¿Para qué recordar? No sé cómo responder a esta pregunta tal y como me gustaría. De hecho, verdades asertivas y contundentes creo que a estas alturas podrían ser contraproducentes para una nación que tiene que darle más lugar a las preguntas, a su no saber bien, a su búsqueda pausada por elaborar nuevos sentidos. De un modo u otro todos tenemos estas preguntas flotando y nos apuramos en intentar responderlas. Como si estuviera prohibido preguntarlas las queremos responder rapidito. ¿Será que de cierto modo nos lo tenemos prohibido?

Personalmente, quiero tomármelo con calma. Quiero preguntarlas con todas sus letritas, llegar a la casa prender la tele y escuchar a gente preguntándolas, salir el jueves a tomar unas cervezas y encontrarme con amigos y preguntárnoslas, agarrar el periódico por la mañana y saber que alguien se las estuvo preguntando. Quiero sentarme, preguntármelas, pensar e intentar responderlas.

Recordar tiene algo de estos actos bastante escasos que rompen con la “lógica de la economía”, algo que hacemos de forma gratuita y sin esperar nada que sea cuantificable ni que se ajuste a los beneficios de la oferta y la demanda. En ese sentido, no es negociable ni intercambiable por otros bienes, ni comida ni escuelas, y suena a cinismo puro cuando se pretende.

A diferencia de lo que nos dice una asociación simple, la memoria no solo sirve para recordar, ése es su primer paso. Recordar nunca viene solo. Cuando recordamos abrimos la posibilidad para afirmar, para dudar, para preguntar, para dialogar, para imaginar, incluso para discrepar. Sí, efectivamente, recordar no es el último acto, más bien ahí es donde empieza toda la obra. Eso que queremos construir.

Solo formulando la pregunta es que podremos empezar a hacer un esfuerzo de respuesta, quién sabe y de muchas respuestas. ¿Para qué recordar? Quizás un museo para la memoria es una buena plataforma para empezar a pensar en esto. Sin embargo, y gracias a cada uno de los que recuerdan, no es el único camino.

Negarnos la opción de tener un museo de la memoria es parte de la misma historia triste y violenta, esa historia en la que pareciera que ser ciudadano ha terminado teniendo que ver con “tener más” y no necesariamente con “ser mejores”, esa historia de represión en la que se callaron voces y ahora se pretende callar nuestras preguntas y nuestros recuerdos.

Sin embargo, esta presión por el olvido (una contradicción en sí misma) que pareciera querer inducir a una neurosis colectiva, la podemos asumir de manera positiva como una provocación, como un reto a la vida que surge después de la muerte. Este es un reto que nos une más allá de nuestras posturas políticas, creencias y emociones naturales, en relación a un tema que nos atraviesa de pies a cabeza. Es una ocasión que da espacio para participar con actitud crítica en la construcción de un futuro diferente dentro de un contexto en el que se insiste con garras y uñas en que el pensar crítico supone ser enemigos.

Si alcanzamos la actitud indicada podríamos entender memoria no como una verdad objetiva que miente o desmiente lo que otros dicen, sino como una realidad intersubjetiva. En palabras simples, algo que se va construyendo y se enriquece a través de cada uno de nosotros. Así, la memoria de uno no anula la de otro por ser diferentes, sino que le suma y pone de manifiesto su carácter colectivo, constructivo y de libertad. Si asumimos que la violencia entre los años 1980 y 2000 fue algo que nos sucedió a nosotros en magnitudes y formas diferentes, quizás recordar no sea algo que nos amenaza ni nos ofende sino que nos hace responsables de nuestra historia y de generar un futuro mejor desde el lugar que nos tocó en esos años y desde el lugar en el que ahora nos toca vivir.

Quizás si empezamos por valorar nuestra experiencia individual y por ende nuestro propio recuerdo podamos ensayar una respuesta a la pregunta que nos hacemos. Quizás re – cordando es que nos daremos respuestas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 Responses to “Para qué recordar?”


  1. 1 gloria
    septiembre 7, 2009 en 10:07 pm

    recordar qien somos,recordar de donde venimos, para saber a donde vamos.por que nuestro caracter esta formado por nuestras vivencias y nuestros deseos por nuestras frustraciones y de hay deveria nacer el espiritu de superacion para construir algo nuevo,algo mejor para todos los seres humanos y que solo las personas de buena fe pueden construir

  2. 2 Xaviera Medina de Albrand
    marzo 14, 2009 en 11:14 am

    Muchas gracias por la creacion de este blog. Yo vivi el terrorismo de cerca, con un padre que durante su profesion intento hacer lo mejor q pudo para unirse a la solucion, la respuesta, obviamente fue todo lo contrario. Gracias a Dios a el no le paso nada mas que innumerables malos momentos y sustos, sin embargo vivio la perdida de amigos y colegas.
    La vida es curiosa, y ahora soy yo la que se encuentra en medio del terrorismo: en Afganistan, haciendo lo mismo que el intento hacer.
    Slds,
    xaviera medina

    http://xavieramedina.wordpress.com


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